27 de enero de 2010

Y empecé a odiarle. A odiarle por todo el daño que me había hecho y el que me estaba haciendo. Empecé a odiarle por no haber conseguido olvidarle, por seguir queriéndole tanto. Por no haber hecho nada para alejarle de mí. Empecé a odiarle porque después de todo, era sólo él lo que me importaba. Y le odié por no poder acabar con todos aquellos recuerdos, por no poder ni querer borrarle de mí. Con un odio arrepentido, rabioso. Un odio con sabor agridulce, con recuerdos que eran como agujas en los ojos. Era un odio tierno y furioso a la vez. Un odio lleno de amor.
(Febrero de 2009)

21 de enero de 2010

Apuraba la última calada cuando una mano me tocó en el hombro. Al volverme, vi tus ojos reflejados en una cerveza, a la cual me invitabas. Mientras tanto, te presentaste de una manera sencilla pero sutil. Te sentaste a mi lado y empezaste a hablarme, al principio no me di cuenta pero tus palabras me calaban más hondo que ningunas.

13 de enero de 2010


Volvíamos hacia ningún sitio, un día de cualquier mes. No era Abril. Caminábamos al mismo ritmo, él me dijo “tú no sabes lo que pasa, nunca sabes lo que pasa”. Aun no he entendido qué quiso decir. Quizás por eso lo dijo. Nunca llegamos a ningún sitio al que los dos quisiéramos llegar, porque nunca existió ese lugar. Nuestros caminos se habían cruzado por una casualidad cósmica que pocas veces volverá a repetirse.

12 de enero de 2010

Por haber vuelto a no querer ser yo misma, 
por correr detrás de ti como un perrillo asustado. 
Por pensar sin querer en todos esos momentos, 
por mirar de reojo cada recuerdo. 
Por buscar sin hallar alguna palabra, 
por querer y no poder dar una explicación. 
Por salir a encontrarme contigo, 
y volver con las manos en los bolsillos. 


Por creer que esto no iba a ser así, por ilusa, por tonta. Estoy así.

4 de enero de 2010