27 de marzo de 2011

No recuerdo cuándo fue la última vez que me perdí por no encontrar lo que buscaba.
No recuerdo por qué me sentí así ni por qué me siento así ahora.
Tampoco entiendo por qué sueño contigo si ya no eres parte de mí
ni por qué en los momentos menos esperados aparece tu imagen en mi cabeza.

24 de marzo de 2011

No pretendo fingir que no me gusta 
el café muy dulce
y la vida sin azúcar
-por el equilibrio y tal-.
La marihuana,
las miradas
recordar.


Las cimas del amor que no llegamos a alcanzar
más por torpes que por malintencionados
ahora tienen habitantes 
quizás son francotiradores
desafortunados.


Un poco de antiojeras nunca viene mal
cuando sabes de los ojos que buscan los detalles
que no quieren los viernes 
ni quieren encontrarse 
con los tuyos.
Me caigo del mundo cuando intento vivir sola. 
Me gusta abstraerme y que la gente me hable
y no entenderla
y decir sí, sí, ya o claro, a mí también me pasa.


Nunca quise entender que me entendías.


Suelas de bambas cómodas
gastadas
roídas
pidiendo a gritos un poco de calma.


Me niego a pensar que mis ojos han visto demasiado
y me duele todo y estoy cansada
y sigo descubriendo nuevos rincones en una ciudad no tan pequeña
y bonitos rincones en mi casa.


Sólo me llamaste una vez para hablar sin motivos
me callé cuando quise decirte que la vida no entiende de preceptos
y que la mía sólo sabía de ecos de tu voz
y de la parada de autobús donde siempre te esperaba.


Es curiosa la manera en que olvidamos:
al principio ponemos mucho empeño y sacrificio
y pasa el tiempo y un día nos damos cuenta 
de que ya no hay nada.


Y no volveré a esperarte en las paradas de autobús
ni a llamarte sin motivos.

17 de marzo de 2011

Un viaje al centro de la herida

I
Todos tenemos una herida abierta. Esa herida. Trauma... Llamadlo como queráis. Es ese algo que nos condiciona, eso que escondemos. Una herida sin curar que nunca cicatriza. 
Se alimenta de decepciones varias y esperanzas rotas, de ilusiones que se escapan como agua que se escurre entre las manos.
Un día nos damos cuenta de que nunca se cerrará y de que tendremos que convivir con ella el resto de nuestros días, como si de un apéndice de nuestro ser se tratara. 
Haremos cualquier cosa porque no se note, para que los demás no perciban su existencia, a cambio de que nosotros no hurguemos en sus propias heridas.



II
Una vez intenté compartirlo con alguien. A decir verdad, más de una -y más de dos-. Nunca obtuve nada bueno. 
Tras la ilusión de que quizás alguien conseguiría curar mi herida se escondía la oscura certeza de que si ni yo misma era capaz, mi intención era un error ya cometido. 
Hubo quien simplemente ignoró esa parte de mí. Hubo quien intentó ayudarme antes de caer en el olvido. Hubo quien echó sal en mi herida y hubo quien me administró un cariño alucinógeno que no hizo más que anestesiarme. 

5 de marzo de 2011

Impasibilidad. Indiferencia.
Un vaso colocado en el borde de la mesa. A la espera del golpe para caer y romperse en trozos tan pequeños que algunos irán apareciendo con el tiempo.

El TENER QUE. Tener que sonreír, tener que fingir que algo te resulta gracioso o interesante. Tener que mirar a alguien cuando te habla aunque no te importe lo que dice. Tener que parecer interesado. Tener que parecer feliz. Tener que quedarte donde estás y seguir haciendo las cosas que haces aunque quieras irte lejos.
Tener que.