28 de junio de 2011

Te pierdes en esa espiral infinita de miedo y autocompasión. Te odias por no ser capaz de aprender de los errores mil veces cometidos, sin embargo, ostentas el título de reina de tu propio lodazal. Te odias, me odias a mí, cuando no sabes qué camino elegir y entiendes que no hay nadie que pueda ayudarte. 
Si chocas contra un muro, utilizas tu imaginación para hacer que desaparezca y vuelves por donde has venido o eliges otra dirección. Nunca te has atrevido a enfrentarte a él, a coger un martillo y darle de hostias hasta que sólo sea polvo y el viento se lo lleve. Así, cada parte de tu mundo está rodeada de muros que no puedes saltar. Como no mereces tener el poder de ignorarlos, aprovechas el tiempo con la pesada certeza de que algún día te rodearán por completo y ya no podrás hacer nada.  

16 de junio de 2011

Soy una burda imitación de la realidad.
Soy aquello que no digo
pero pienso.
Soy eso que seríamos
si nos conociéramos de nuevo
en otro momento.
Soy esas cosas que te diría.
Soy una cacofonía
sin-sentido.
Soy una palabra en una página en blanco.
Soy el tiempo que avanza y me consume.
Soy el humo de un cigarro en tus labios
desaparezco aun sin haberte tocado.


14 de junio de 2011

Una vez perdida la ambición de seguir mirando al frente y no al camino andado, la avalancha de recuerdos y pesadumbres vuelve a mí, aún sin estar suficientemente desgastada para no arrollarme cada vez que vuelve. Ella no se cansa, no es como yo.
Perdida entre papeles y tinta, mi imagen no es sino la de una sombra sin cuerpo, o quizás con un cuerpo vacío. Ya no siento la rabia por escribir, no busco las palabras, no trato de mirar más allá. Esperando el momento de volver a ser yo, lo único que me mantiene ahora en pie es el saber que algún día lo fui y que algún día lo seré. Y si no es así, viviré de la ilusión de la que bebo día tras día.

11 de junio de 2011

Estoy inesperada y repentinamente lista para lo que tenga que venir,
lo sé porque me tiemblan las pestañas del cansancio
de esperar a que algo pase,
porque se me ha olvidado el nombre que estuve gritando
en todos tus sueños de cuando sueñas despierto.
Ya me di cuenta de que en otra vida fui un ángel
demasiado insustancial, demasiado poco nada.
Y ahora estoy como un pez en el desierto
que sólo desea tener alas.
Incongruente.

Al menos entenderás que olvidar sigue siendo difícil
y que a veces olvidamos más de lo que deberíamos
pero la vida sigue, la rutina, la crisis,
indefinidamente hasta que reviente el caos
de tanto girar en torno a nada
de tanto malgastar
de tanto egoísmo.

¿No estás harto de LA mentira?