18 de marzo de 2014

12 de marzo de 2014

En algún punto de la vorágine paras y piensas "¿Qué estoy haciendo?". Y sigues siendo incapaz de contestarte, porque te has vuelto tan cobarde que ni siquiera puedes reconocer a esa persona que te mira decepcionada desde el espejo.
Apartas las preguntas de tu cabeza cada treinta segundos, te esfuerzas por mantener esa sonrisa que aún a veces sientes sincera. Porque sabes que, en el fondo, eres feliz. O eso es lo que has aprendido a decirte. 
Quizás sabes que no lo eres, quizás sabes que podrías serlo y hasta cómo podrías serlo, pero te has vuelto cobarde. Y sientes que no hay nada que puedas cambiar ya.
Ni siquiera eres capaz de quitar el tapón y dejar todo salir. El miedo, la frustración, la tristeza, la soledad... Ya no puedes ni llorar. ¿Qué ha cambiado?