18 de noviembre de 2015

Razones acumuladas #1

Volver a casa significa muchas cosas.
Es volver a esa cotidianidad pasada de moda en el circo de tu vida. Es volver a respirar y decir cosas como "hasta las nubes aquí son diferentes".
Es dejar que tu cuerpo resintonice con el hogar, y emocionarte con ello.
Volver te hace fijarte en ciertas cosas e ignorar otras.
Está el amigo ese que ya no lo es, la voz de las noticias contándote cada día nuevas miserias. El vecino aquél que murió en tu ausencia y su viuda regando las plantas mientras se marchita el recuerdo.
Esperas que algunas cosas no cambien nunca mientras no estás. Como la voz de tu madre cantando a destiempo en el coche, los buenos bares, las buenas compañías. Que tu casa siga siendo donde está el abrazo de tu padre, condensado de nostalgias.
Volver a casa es sentirte querida y dejarte cuidar, y -cómo no- querer quedarte.
Pero luego ves tu ciudad como un escaparate de lo que ya nunca más serás, y esa rutina de la que hace un tiempo ya no formas parte, y varios "nosotros" que ya no cuentan contigo.
Volver a casa es ver a tu familia en color sepia si tu hermano no está. Es dejar que el sol saque a la luz todas las cosas que te distinguen de la persona que eras cuando te fuiste.
Y sin embargo...
Marcharte revive el odio al aeropuerto de Barcelona, a su t1, a sus puertas de embarque. Odio a la frialdad de sus monitores, donde se anuncia que se acerca el momento de marcharse.


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