27 de agosto de 2016

Me dijo: no me vengas con preguntas si traes los bolsillos vacíos de respuestas. 
Y yo le contesté: no pretendas conocerme si no has pasado un día en la playa conmigo.
Después, bajaron algunos otoños por las escaleras y hubo muchas fotos que acabaron olvidadas en algún cajón. 
Escribir esto es como abrir la ventana, sacar la cabeza e intentar hablar con el viento. A pesar de todo, no puedo evitar preguntarme si un día seremos capaces de contarnos la historia y ver dónde están las 7 diferencias. 
A menudo me encuentro escribiendo y me paso una hora borrando los puntos suspensivos que sin querer voy dejando como migas de pan, aunque quizás no sea esa la solución para eliminar la tristeza de las páginas. 

Es el plan de cada día pero sin mañanas a la vista. Una jaula con barrotes de cemento. 
Si el mundo fuera a mi manera, llovería café en el campo y la red social más usada sería un hilo y dos yogures. 
Aprovechando que las confesiones están de rebajas, diré que prefiero una noche en la playa contigo y que las estrellas sean los únicos testigos, a una boda de banquete y cubierto. Prefiero tu pijama a rayas mientras lees en la cama a un traje que no te deje correr como un niño. Y prefiero dormir una noche a tu lado a dar la vuelta al mundo sin ti. 

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