La magia de los pingüinos


Los pingüinos también aman. Y sé lo que me digo. Son habitantes de los lugares más fríos del planeta, pero se adaptan a vivir en un zoo rodeados de especímenes para ellos extremadamente raros. Están acostumbrados al frío, a la soledad entre los miles que conviven. Sin embargo, una vez que encuentran a un pingüino afín a ellos, separarse ya no entra en sus planes.



Momento #1

Abro los ojos y veo los tuyos cerrados, muy cerca. Oigo cómo respiras. Me muevo un poco y me abrazas en sueños... Adoro cuando me quieres inconscientemente. Me vuelvo a dormir.

Ahora eres tú quien despierta, y me hablas ((susurrando)). Te estoy dando la espalda pero sigues abrazándome. Me doy la vuelta y te veo sonreír. No sé si lo sabes, pero tu sonrisa es el mejor momento del día.
La luz se cuela por las persianas, hace frío fuera de la cama, y todo me recuerda a las canciones que escucho cuando pienso en ti.
Pero ahora estás aquí y no dejo de intentar grabarlo todo en mi memoria para recordarte nítidamente, para recordar cada palabra que pronuncias, cada mirada que me lanzas. Y sé que es difícil, pero es más difícil soportar la idea de que no sé qué voy a hacer cuando me vaya, cuando a cada minuto que pase me distancie más de ti, cuando tu piel ya no sea mi refugio temporal.



Crónica de una despedida

Estamos en el metro, quedan tres paradas. Nos quedamos más callados que de costumbre. Quedan 20 minutos para que salga el autobús. Te veré alejarte. Cierro los ojos, respiro. Te miro y pones una mueca. Me río, te beso, te abrazo, te quiero.
Corremos en el transbordo con las maletas a cuestas. Mis movimientos cada vez son más mecánicos, no quiero hacerlo. No quiero irme.

Cargas mi maleta, nos avisan de que tengo que subir y la despedida es tan breve... Subo escalones, atravieso el autobús buscando mi asiento mientras algo me araña la garganta, mientras intento meter mi mochila en el estante y le doy de puñetazos hasta que se rinde. Me siento y ya te echo de menos. Miro por la ventana y te veo buscándome, te saludo con la mano. No sé si puedes verlo, pero estoy llorando. Me haces muecas y te quiero aún más. El autobús arranca, te digo adiós con la mano, te digo en silencio que te quiero y te sonrío poco antes de perderte de vista.

Y en el jodido asiento del jodido autobús no puedo abrazarme a nada. Apoyo la cabeza en el cristal helado, parece que me vaya a estallar. Voy despidiéndome de tu ciudad, de cada tonalidad de gris que veo tras las lágrimas.
El autobús hace una parada y sólo pienso en gritar, en gritarle al conductor que ya es suficiente, que saque mi maleta, que me vuelvo corriendo desde Alcalá de Henares a Madrid, que la distancia pesa más que mi equipaje. Pero no lo hago.


Queda prohibido echar de menos a alguien sin alegrarte. [...]

Reflexión #1

Huérfana del calor que desprendes, me aboco al consuelo que me trae el recuerdo de lo que fuimos, de lo que somos. Me calienta un rayo del sol mañanero de diciembre, en un tren maldito que no conduce a tu ciudad.
Siento que el mundo se vuelve más loco cuando yo estoy recuperando la cordura, y no entiendo que la vida no conceda los visados para viajar allí donde te tenga. 
Me huele a revolución esta huelga general de sonrisas.
No puedo ni sé renunciar a la desolación, aunque la sensación de mi cuerpo abrazado al tuyo sea la mejor en mucho tiempo.
¿Cómo se mide la distancia entre un corazón y otro? 
¿Qué supone el espacio-tiempo en dos vidas que se entrelazan?


14/11/2011

Es especial el parpadeo de tus ojos al decir algo sincero. Es especial la ternura al despedirnos en un aeropuerto.
Es especial cada palabra que sale de tu boca, la Guerra Caliente a través de una pantalla y el tratado mundial que establecemos en una cama.

2 comentarios:

Josep Navarro dijo...

Muchas razones.

M dijo...

Ohh... qué sincero, qué tristeza, qué bonito :)